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¿Por qué me crujen las rodillas?

Las rodillas no suenan. O mejor dicho, no deberían sonar. Lo que escuchamos muchas veces al subir o bajar una escalera es un chasquido articular que puede ir acompañado de dolor o no. Pero más allá de la molestia, lo verdaderamente importante es conocer este problema, saber por qué lo padecemos y cómo tratarlo para que no vaya a más.

¿Quiénes lo sufren?

A cualquiera le puede crujir la rodilla, aunque esta dolencia se vuelve más frecuente con el paso de los años y sobre todo en las mujeres. Y no es por una casualidad, sino porque ellas tienen una mayor flexibilidad articular que los hombres. También es una lesión muy común entre los corredores y entre las personas que, por su trabajo, fuerzan mucho las articulaciones diariamente.

¿Cuándo debo preocuparme?

Un chasquido ocasional no tiene por qué ser motivo de alarma, pero cuando las rodillas empiezan a crujir con cierta frecuencia conviene acudir a un profesional sanitario. No en vano, la rodilla es la articulación más grande de nuestro cuerpo y la que más peso soporta, razón de más para no subestimar cualquier alternación de su funcionamiento normal.

¿Por qué ocurre?

Hay varias razones que explican estos chasquidos. La más habitual es una degeneración de los cartílagos, que puede ser un síntoma de artrosis cuando este desgaste se produce a un ritmo mayor del habitual. Otra causa es la disminución del líquido sinovial, que es el que hace las veces de lubricante en las articulaciones. Una cirugía, un traumatismo, una artritis y determinadas enfermedades infecciosas pueden provocar que perdamos parte de ese líquido y nuestras rodillas lo noten.

¿Tiene solución?

No existe una varita mágica (ni pastillas) que solucionen el problema de un día para otro, pero sí tratamientos de fisioterapia que consiguen una mejoría significativa. En este caso concreto, lo más recomendable es fortalecer los músculos que rodean la articulación para ganar estabilidad en la zona. ¿Cómo? El ejercicio suave ayuda a aliviar los crujidos, si bien un fisioterapeuta puede evaluar al paciente y prescribirle los ejercicios que le convienen con más exactitud. Además, es aconsejable incluir en la dieta alimentos ricos en antioxidantes y evitar estar mucho tiempo sentado con las rodillas dobladas.

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