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El esguince de tobillo mal curado y sus secuelas

El esguince de tobillo es una de las lesiones más frecuentes que existen. De hecho, cuesta encontrar a una persona que no haya sufrido alguno a lo largo de su vida, sobre todo si ha practicado algún deporte con cierta regularidad. La RAE define el esguince como una “torcedura brusca y dolorosa de una articulación”, la cual puede implicar un desgarro o una rotura de los ligamentos de la zona en función de la gravedad. Pero hoy no vamos a hablar de los esguinces de tobillos en general, sino que vamos a profundizar en el esguince de tobillo crónico, o lo que es lo mismo, en el esguince mal curado.

Cicatrización

Tras un esguince, el tobillo intenta volver por sí solo a su estado natural mediante un proceso de cicatrización que es invisible para nuestros ojos. Este periodo puede durar entre 15 y 25 días en función del grado de la lesión, la edad y otros factores, y ha de ser respetado para una completa recuperación. Cuando el paciente no lo respeta, ya sea por desconocimiento o por priorizar sus rutinas diarias, corre el riesgo de contraer un esguince crónico. Y créannos: curar un esguince crónico es mucho más difícil que curar un esguince convencional.

Inestabilidad

El principal síntoma de un esguince mal curado es la inestabilidad. Algunos pacientes suelen confiarse cuando baja la inflamación y el dolor va menguando, pero si el tobillo no transmite seguridad durante la pisada, el problema sigue estando ahí. Es fácil detectarlo porque un tobillo mal curado tiende a doblarse a la más mínima, sobre todo en terrenos irregulares. Esto se produce por la laxitud de los ligamentos, que han perdido consistencia y se comportan como un elástico ya vencido.

Fibrosis

Como decíamos anteriormente, un esguince implica el desgarro o rotura de un ligamento, y por tanto, un sangrado interno. Cuando el periodo de reposo es exagerado o se inmoviliza (escayola) la zona más tiempo del recomendado, la sangre no se evacua correctamente y se forma un callo. Podríamos decir que esa callosidad es un mal menor o un remedio de emergencia que crea el propio cuerpo, pero a la larga es perjudicial porque restringe el movimiento natural del tobillo y aumenta las probabilidades de sufrir un nuevo esguince. Para evitar una fibrosis de este tipo, es importante tener claro que el tobillo debe recuperar su movilidad progresivamente con ejercicios específicos, vendajes funcionales y otra serie de recomendaciones que deben provenir de un profesional de la fisioterapia.

Bloqueos articulares

Otra secuela de los esguinces mal curados son los bloqueos articulares. Este problema, que puede ser previo al esguince, se agrava cuando se sufre un percance de este tipo y no se ha llevado a cabo una correcta recuperación. ¿Cómo se manifiesta? Con chasquidos, dolores y sobre todo con la sensación de que “hay algo que no está en su sitio”.

Nuestro consejo

Si sufres un esguince de tobillo de cierta consideración, no lo subestimes y ponte en manos de un fisioterapeuta. Evitarás dolores, frustraciones y posibles recaídas. Y a la larga lo agradecerás.

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